Impacto de la “Nueva Normalidad” en el ‘Open Banking’

En los últimos tres meses los cambios en nuestros estilos de vida han sido radicales en múltiples aspectos. Desde que se decretaron los confinamientos en buena parte del mundo, a mediados de marzo, el surgimiento de nuevas inquietudes o necesidades ha dado lugar a acciones imprevisibles solo un mes antes. Quienes han optado por ello, que en definitiva es la mayoría de la población, ha utilizado las herramientas digitales. Ya sabemos que Internet ha supuesto el gran aliado para hacer frente a la pandemia, pero es hora de que pongamos nombre y apellidos a esos cambios radicales en el día a día y en los planteamientos de futuro.
Por ejemplo, ¿quién iba a imaginar que 1 de cada 14 europeos iba a utilizar el mundo online para aprender a tocar un instrumento musical? ¿Podría haberse imaginado alguien que 1 de cada 10 nuevos aprendizajes serían para aprender a programar? Y por seguir con datos a priori inverosímiles, ¿existía algún indicio de que 1 de cada 7 personas aprendería a cortar el pelo viendo tutoriales? Pues este y muchos otros titulares curiosos se extraen de un estudio conducido por Mastercard sobre el impacto que ha tenido en Europa el confinamiento con motivo de la pandemia COVID-19.
Además de las curiosidades que este estudio ha puesto sobre la mesa, lo más relevante de estos datos para el mundo de la empresa es la reorientación e impulso que ha recibido el gasto personal o familiar, en función de necesidades o inquietudes hasta ahora no detectadas. Eso, en un contexto en el que no se hace más que vaticinar nubarrones económicos desconocidos desde la Segunda Guerra Mundial, es todo una declaración de intenciones de que, quizá después de todo, 2020 podría no ser un año tan echado a perder. Después de todo, quizá podría tratarse de hacia dónde se deben orientar los esfuerzos.
Y además, desde las perspectivas de los vientos de cambio que soplan sobre la banca y el mundo financiero, estos datos suponen también una llamada de atención al hecho de que algunos cambios no han hecho más que empezar. La vinculación de datos económicos y personales, junto con la detección de patrones de consumo y de factores de confianza, experimenta hoy un empujón sin precedentes de cara a conquistar nuevas cimas.
Según Mastercard, las compras en línea han superado a cualquier otra forma de gasto en el mes de mayo, con más de la mitad de los compradores europeos (57%) diciendo que están haciendo compras online más que nunca. Y alcanzando cifras sin precedentes en lo tocante a experiencias virtuales. Es decir, nuevas formas de monetización y generación de actividad económica que hace solo cuatro meses consideraríamos lejanas, cuando no improbables en nuestros estilos de vida; y que hoy se han asimilado con absoluta normalidad.
Esas experiencias virtuales inéditas van desde la asistencia a clases de actividad física impartidas a distancia hasta las visitas a museos y otros lugares de interés. En ambos casos, una cuarta parte de la población ha optado por experiencias de este tipo, según los datos barajados. Y si a algún dato tiene acceso la compañía que ha elaborado el informe es, precisamente, a los relacionados con pagos.
Todas estas vivencias ligan de una u otra forma, antes o después, con el core de quienes velamos por un funcionamiento cada vez más eficiente y modernizado de los servicios financieros y bancarios. Por ejemplo, la inmensa mayoría de los europeos (87%, según el estudio), tiene cuidado sobre qué y dónde compran online. Y 13 de cada 20 (65%) afirman estar preocupados por “convertirse en víctima de fraude o estafa”. No es de extrañar, por tanto, que 4 de cada 5 (80%), revisen las reseñas de los compradores, y que una tercera parte (31%), haya optado por contactar antes de la compra con vendedores nuevos o desconocidos, a fin de asegurar que se trataba de comercios legales.
Se trata de una tendencia que muy probablemente supere a la pandemia, incluso si se encontrara una vacuna o un tratamiento temprano, o si remitiera su incidencia. En el Barómetro Global Covid-19 de Kantar, realizado en marzo de este año, el 20% de los consumidores de todo el mundo afirmaron que ya compraban menos en tiendas físicas, mientras que 1 de cada 3 consideraron que probablemente se incrementarían sus compras online.
Un nuevo estudio de Kantar, encargado por Detail Online, para Francia, Alemania y el Reino Unido, ha mostrado ahora hasta qué punto esas previsiones se quedaban cortas. Baste un dato: la proporción de consumidores que realizan más de la mitad de sus compras totales online ha aumentado desde el 25% hasta el 80% por ciento desde el estallido de la pandemia. Es evidente que a ello ha contribuido la situación de confinamiento, pero también lo es que precisamente por ello el impacto sobre los patrones de compra afectará a todos los sectores productivos.
Durante los meses de confinamiento, el enfoque se ha puesto en bienes esenciales como comestibles y medicamentos de venta libre. Pero según el estudio, el gasto en ropa, hogar y muebles y electrónica de consumo volverá a lo largo del año. En la encuesta, aproximadamente el 80% dice que volverá a comprar productos no esenciales online en 2020, con las categorías de ropa y artículos electrónicos para el hogar dominando el escenario, con un 60% de consumidores que planean gastar en estos bienes. Les sigue de cerca el deporte, que prevé un rebrote de más de la mitad del mercado (51%).
Esta situación lleva al medio especializado PYMNTS, especializada en información relacionada con pagos y pagos móviles, a plantearse cuestiones interesantes relativas al impacto de la pandemia COVID-19 sobre las regulaciones ligadas al open banking. Algo que en opinión de sus autores “ha generado nuevas preguntas en torno a estas iniciativas que los reguladores ahora están luchando por responder”.
“La creciente frustración sobre los límites de las transacciones de pago online, la seguridad y la privacidad de los datos han comenzado a surgir ahora que los consumidores y los comerciantes se están acostumbrando a la nueva normalidad, mostrando cuán rápido está cambiando el mundo bancario”, plantean en este profuso artículo. Como ejemplo, señalan que casi 7 de cada 10 adultos en el Reino Unido (69%), utilizan cualquier método de pago alternativo al efectivo, especialmente los pagos contactless, además de los móviles y online.
“Este crecimiento en el volumen de pagos digitales —agregan—, está probando las redes bancarias abiertas propuestas por los reguladores en múltiples regiones”, con intensas diferencias entre las áreas que se han dotado de mecanismos específicos de protección de los datos, como Europa y el Reglamento General de Protección de Datos (RGPD / GDPR), y otras zonas como Estados Unidos, Australia o Canadá. De hecho, aseguran que “la pandemia esencialmente ha detenido el avance de la banca abierta en Canadá a medida que los legisladores se esfuerzan por finalizar las reglas de protección de datos”.
Allí donde sí existe un marco regulatorio concreto, como el mencionado caso europeo, el formidable incremento en el consumo online ha supuesto una verdadera prueba de fuego en relación con el propio reglamento. Y han surgido nuevos interrogantes: “algunos puntos de confusión por aclarar, como, por ejemplo, si se pueden recopilar nuevos datos biométricos, como la temperatura corporal o las geolocalizaciones de los empleados bajo el RGPD para ayudar a minimizar los riesgos de exposición al COVID-19”.
En definitiva, hablamos del desafío que está en la esencia misma del open banking: “mantener el equilibrio entre la conveniencia de las conexiones que permite la banca abierta para los comerciantes y la privacidad que muchos consumidores esperan”. La pandemia de COVID-19 ha cambiado hasta tal punto las reglas del juego, que son los reguladores quienes están llamados a “trabajar rápidamente para ponerse al día”.
Porque la economía, y la sociedad, no esperan. El que no aprende a programar, aprende a tocar un instrumento; y el que no, a cortar el pelo. Y si le resuelve un problema, está dispuesto a pagar por ello. Es decir: a generar oportunidades de mercado.
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