Más que mercado financiero, mercado de datos abiertos

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A lo largo de los últimos meses hemos venido viendo en esta misma página las dos velocidades a las que se desarrolla el Open Banking. Por un lado, una apuesta permanente de todos los players llamados a participar en el fenómeno, independientemente de su tamaño, independientemente de su grado de innovación, independientemente de su vinculación tecnológica. Pero, por otro lado, una conciencia también constante sobre la falta de preparación del mercado. En ambos casos, si algo se da por descontado en el sector es que, en el momento en que se produzca “la ola” de la banca abierta, no habrá vuelta atrás y será a un ritmo elevado.

  Un informe reciente de Accenture, titulado precisamente Tomando la ola del Open Banking, vuelve a incidir en ello, advirtiendo de que se avecina una ola de cambios a medida que las iniciativas y regulaciones maduren. Estamos a las puertas de la creación de una economía que ya ni siquiera será financiera (ni mucho menos bancaria), sino una economía de “datos abiertos” con implicaciones financieras para los usuarios y clientes. “La superaplicación estará aquí antes de lo que se cree”, anuncian sus autores.

  ¿Qué es la superaplicación? Según descripción de la propia consultora, es una plataforma o ecosistema de aplicaciones que “lo hace todo, o casi”. En la mayoría de los casos, se trata de un mercado masivo de ofertas que vienen habilitadas por la participación de tres componentes: uno, tecnología digital; dos, una gran cantidad de datos; y tres, una amplia gama de integraciones de terceros. Como ejemplo se cita a WeChat y Alipay como primeros ejemplos, pero contamos también con firmas como PayPal y Klarna, que también están tomando medidas para crear ecosistemas. Entre las funciones que incluirán, contaremos con pagos móviles, compras, inversiones, ahorros, presupuestos y capacidades de cifrado.
Puede que hasta la fecha la banca abierta no haya creado un tsunami de disrupción. Pero es cuestión de tiempo, y será más pronto que tarde. “Un indicio temprano”, señala el informe, es el rápido crecimiento de proveedores externos (TPP) en Europa, que está a la vanguardia del paradigma Open Banking. En el Viejo Continente estos TPP eran apenas un centenar hace dos años y hoy suman más de 450. El crecimiento no solo ha sido en cantidad, sino en desarollo de características, ya que se han expandido desde los pagos y la banca minorista transaccional, hasta abarcar toda la cadena de valor financiero.

  ¿Tan suculento es el pastel para justificar todo este reposicionamiento del tablero? En el informe se menciona un análisis de la propia compañía, basado en conjuntos de datos que cubren 20 de las mayores economías responsables de más del 75% del PIB mundial en todo el mundo. Según sus datos, estarían en juego hasta 416 mil millones de dólares. Una cifra que es posible que caiga en manos de “jugadores ágiles que reconozcan la oportunidad temprano”.

  En un escenario tan convulso se prevé que sean los nuevos jugadores, como fintechs, neobancos, big techs y otros actores no tradicionales, los que se lleven una buena porción de las nuevas oportunidades. Los bancos, a pesar de siglos de herencia de custodio de datos en forma de dinero, tienen una reacción dual frente a este fenómeno. No pocos han tardado en responder, o lo han hecho de forma tibia. “Los bancos que aún no están considerando su lugar en la economía de datos abiertos corren el riesgo de ceder el mercado a competidores más ágiles”, se afirma en el documento.

  Y no es para menos: si aceptamos que el nuevo enfoque no va de finanzas, sino de datos, uno de los atributos clave de la economía de datos abiertos (en este sector y en cualquier otro), es la difuminación de las líneas entre industrias. A ello hay que sumar que la evolución regional creará diferentes matices e interrupciones de mercado. A grandes rasgos se pueden estimar tres grandes bloques, con comportameintos específicos.
Por un lado, tendríamos los mercados habilitados para el consumidor, como China. “Se definen por consumidores con conocimientos digitales listos para adoptar los servicios y productos financieros de la nueva era”. Es decir, los llamados a liderar las operaciones, si sus rivales en Occidente no plantan batalla.

Por otro lado, nos encontraríamos con los mercados dirigidos por reguladores, como la Unión Europea y Australia. En este caso “muestran una menor preparación relativa del consumidor a pesar del enfoque regulatorio en Open Banking”. Es decir, son mercados con más regulaciones que predisposición real por parte del consumidor a utilizar los nuevos productos y servicios.

Y por último, hablaríamos de los mercados liderados por el mercado, como es el caso de EEUU. Allí “están viendo que los bancos establecidos y otras organizaciones de servicios financieros impulsan la Banca Abierta en ausencia de una infraestructura de mercado o un mandato regulatorio”. Es decir, una gran oportunidad en mitad de cierta “anarquía” que puede derivar tanto en ruido y caos como en disrupción e innovación.

Para terminar, cabe mencionar que este informe también aborda las cuatro capacidades básicas de datos abiertos, que son aquellas que deben dominar quienes queran convertirse en players importanets en “la era de la superaplicación”. Y que son, curiosamente, cuatro capacidades en las que los bancos tradicionales podrían demostrar músculo: custodia de datos; ingestión de datos de fuentes externas, incluso imágenes por satélite; asociación ágil con cientos de potenciales socios; y equilibrio entre confianza, seguridad y experiencia de cliente.

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